Un problema de tamaño

 

Alícia González – El País, domingo 2 de marzo de 2014
El tamaño importa y las empresas y las autoridades españolas deben apostar por aumentar el tamaño del tejido empresarial español, como vía para elevar la competitividad, la productividad, la exportación, el acceso a la financiación y la inversión. Unanimidad en el diagnóstico de los expertos de Economismo, aunque cada uno ponga acentos distintos. Y unanimidad también a la hora de destacar la urgencia y la necesidad de afrontar este reto.

Mónica Melle, profesora titular de Economía Financiera de la Universidad Complutense de Madrid, critica que “cuanto mayor es la empresa peor es su gobierno corporativo”. Melle cree que el gobierno debería propiciar la creación de consorcios de pymes, para facilitarles la internacionalización, y desarrollar una política de clusters que les ayude en el mismo objetivo.

José Luis Martínez, estratega de Citigroup para España, explica el tamaño importa para la internacionalización empresarial, permite una mayor diversificación financiera y favorece la capacidad de invertir en actividades de mayor calor añadido. “España tiene una estructura empresarial pequeña, que en el caso del sector manufacturero salvo contadas excepciones desarrolla productos intermedios y finales de valor añadido bajo y medio”, apunta. Su apuesta son las reformas estructurales que favorezcan la entrada de empresas extranjeras en España, que tienen efectos “dinamizadores” para el resto de las empresas.

Sara de la Rica, catedrática de Economía de la Universidad del País Vasco e investigadora de Fedea, asegura que el tamaño explica la baja productividad española. “No es que nuestras empresas sean menos productivas que las de los países de nuestro entorno. A igual tamaño, según un estudio reciente del BBVA Research, similar productividad. El problema es la distribución del tamaño”, apunta. De la Rica admiteembargo, que habrá que esperar a que la reactivación económica y el aumento de la demanda vayan llegando a la empresas pequeñas y medianas para plantearse entonces ganar tamaño. Mientras, “la regulación podría ayudar eliminando las limitaciones por tamaño ante ayudas”, apunta.

El debate ha suscitado el interés de Yolanda Fernández, directora técnica del proyecto Empresa Mediana del Círculo de Empresarios, que apuesta por un cambio de orientación de las políticas públicas, como la nueva definición de pyme del Banco de España, que implica menor consumo de recursos propios para las entidades que concedan préstamos a las pymes de mayor tamaño. “La apuesta por el tamaño está más justificada por la necesidad de contar con un tejido empresarial con el suficiente músculo para acometer procesos de innovación y competir en unos mercados cada vez más globales”, subraya. Y da datos. Una empresa grande tiene dos veces la productividad de una microempresa.

José García Solanes, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Murcia, recuerda que el “microfundismo” empresarial de la economía con creces la media de los países puntero de la eurozona y eso tiene evidentes consecuencias. Un mayor tamaño empresarial “contribuye a reducir la tasa de temporalidad”, “estimula la inversión en I+D y capital humano” y “abre el grifo de la financiación” internacional. A su juicio, “la reforma fiscal debería introducir estímulos a la concentración empresarial en los sectores orientados a los mercados exteriores donde la competencia es aguda”.

Joaquín Maudos, catedrático de Fundamentos Económicos de la Universidad de Valencia, precisa que la rentabilidad de las empresas no depende solo de su tamaño, sector o país, aunque las pymes tengan una posición más débil que las grandes corporaciones. Maudos cree que la regulación no debe ser una rémora al crecimiento de las empresas y que la prioridad debe ser fomentar el emprendimiento para aumentar la natalidad empresarial y mejorar el acceso a la financiación.

Miguel Ángel García, profesor colaborador de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, admite que una de las razones que explican la escasa dimensión empresarial es la “poca atracción de la población española hacia la actividad empresarial y la gran aversión al riesgo de los empresarios”. En su opinión, conseguir empresas con plantillas de entre 250 y 500 trabajadores “debe ser un objetivo central de la política económica y de la sociedad española” pero pone el acento en la necesidad de impulsar un cambio cultural y mejorar la cualificación de empresarios y trabajadores.

Santiago Carbó, catedrático de Economía y Finanzas de la Bangor Business School, admite que en España muchas empresas mueren for falta de proyección, agotamiento de sus mercados o incapacidad para afrontar la expansión tecnológica.Pero “dar el salto hacia un tamaño relevante requiere financiación externa y, en España, de momento la principal alternativa es la bancaria”, apunta. A su juicio, muchos bancos están reorientando su actividad hacia ese segmento “y en un par de años el cambio puede ser perceptible y relevante para la transformación empresarial del país”.

Guillermo de la Dehesa, presidente del Center for Economic Policy Research (CEPR) en Londres, aclara que el problema de las empresas muy pequeñas —el 96,3% tiene menos de 50 empleados— es que no exportan y por esa razón han desaparecido más de 250.000 en la crisis. “Hay que intentar facilitar fiscalmente el tamaño para conseguir empresas” de mayor dimensión.

Juan Ramón Cuadrado, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Alcalá, defiende que “España debe apostar por su reindustrialización”, ya que en los últimos años ha perdido buena parte de su tejido industrial y que la crisis ha propiciado un aumento de las empresas sin asalariados. “No es el momento de poner en práctica ni una política de industrialización dirigista, ni una política que favorezca solo a determinados sectores”, advierte y propone políticas horizontales para todo tipo de empresa, una simplificación administrativa, reducir el coste energético, rebajar los impuestos directos a las sociedades, programas de enseñanza dual, mejorar el funcionamiento del sistema judicial e invertir en formación empresarial.

En ese aspecto incide también Rafael Myro, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense, que cita los estudios de Vicente Salas y Emilio Huerta para atribuir el exceso de microempresas a la reducida calidad de la gestión empresarial interna y a los modelos de organización. “La mejor política dirigida a favorecer el tamaño empresarial no es directa, sino indirecta”, a través de la educación, mercados de capitales más extensos, mayores incentivos fiscales a las fusiones o fomento del capital riesgo.

Alícia González – El País, domingo 2 de marzo de 2014

http://blogs.elpais.com/economismo/2014/03/un-problema-de-tama%C3%B1o.html

 

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