Aranceles a los productos chinos: paneles solares

Pocas horas después de que Europa lanzara su gran desafío comercial a China, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, conversaba por teléfono con el primer ministro chino, Li Keqiang. Todo lo que el Ejecutivo comunitario deja entrever de ese contacto es que se desarrolló de forma “constructiva, cordial”. Pero a la mañana siguiente, China anunciaba la venganza: aranceles a la importación de vino europeo en respuesta a la penalización de sus paneles solares. Los recelos comunitarios a la oleada de productos baratos del país asiático no son nuevos, pero la magnitud del negocio de los paneles y las divergencias entre países por la respuesta dada convierten este caso en un principio de guerra comercial entre los dos bloques.

China es un recién llegado al libre comercio. Su entrada en la Organización Mundial de Comercio (OMC), a finales de 2001, le abrió las puertas a intercambiar bienes y servicios con las mismas reglas que el resto de países asociados. Desde entonces, la UE ha hecho de China su principal suministrador (ambos bloques intercambian mil millones de euros al día), aunque también ha activado medidas coercitivas cuando ha considerado que los productos chinos se vendían por debajo de coste (dumping) o que recibían subsidios contrarios a la libre competencia. A finales del año pasado, la Comisión Europea mantenía en vigor 48 medidas para desincentivar las compras chinas, casi la mitad (el 43%) de todas las adoptadas. “China es el principal foco de los procedimientos de comercio”, admite un portavoz de la Comisión.

El peso de esas penalizaciones ha ido aumentando con los años. Cuando Pekín entró en la OMC, las medidas europeas contra ese país (principalmente aranceles) suponían un 18% del todal. En los dos últimos años han alcanzado un récord del 43%, según los datos de la Dirección General de Comercio. La pujanza de la producción china, combinada con el retroceso de la industria europea, invita a pensar que los procedimientos contra Pekín pueden crecer más.

La UE ya aplica medidas contra productos como tejas, velas o bicis

Europa sigue presumiendo de creatividad y buen hacer, aunque para elaborar sus productos se sirva cada vez más de componentes chinos. La gran mayoría de las penalizaciones afectan a elementos que sirven de base para elaborar otros: aluminio, acero, tubos de hierro, piel, ácidos, electrodos… También las tejas de construcción, los escáneres y las velas están sujetos a aranceles. Casi el único producto chino destinado al consumidor final son las bicicletas.

Además de esas 48 medidas en vigor, Bruselas investiga otros 16 casos en los que tiene serias sospechas de que los productos chinos se introducen en el continente por debajo de coste o con otras vulneraciones de las reglas de mercado. La prueba de que la lupa de la Comisión se orienta cada vez más al país asiático es que esas investigaciones en curso referidas a China representan casi el 60% del total. India y otros países asiáticos copan el resto.

Entre las sospechas aún por dilucidar se sitúa la que ha estallado esta semana: venta de paneles solares a las empresas europeas hasta un 88% por debajo de lo que debería ser un precio justo. Y aunque la Europa comunitaria siempre ha tenido sus diferencias en política comercial, las chispas que han saltado entre los Estados a raíz de esta decisión son más visibles que nunca. Alemania, el país más reticente a esa afrenta comercial, lo justifica. “Este caso representa un salto cualitativo por el volumen de importaciones en juego. Hay que buscar una solución de compromiso”, explican fuentes diplomáticas alemanas.

Pekín amenaza con convertir los coches de lujo europeos en su próxima víctima

Con 21.000 millones de euros en compras de paneles y sus componentes a los fabricantes chinos, la Comisión Europea considera este el mayor caso antidumping que ha emprendido nunca. No obstante, esas cifras, relativas a 2011, resultan hoy inferiores, fruto de la debilidad de la demanda en Europa. Bruselas argumenta que la capacidad de producción de Pekín duplica la demanda europea y supone 1,5 veces la mundial, lo que tumba los precios. Con esos datos en la mano, el Ejecutivo comunitario ha tomado medidas provisionales a la espera de negociar una salida con las autoridades chinas.

“No queremos un conflicto porque en un conflicto siempre se pierde”, alega pragmáticamente el representante alemán. Consciente de que tiene en su contra a más de la mitad de los Estados miembros, el comisario de Comercio, Karel de Gucht, ha empezado a aplicar los aranceles casi con la boca pequeña, repitiendo una y mil veces que su objetivo es llegar a una solución negociada y dando un margen de dos meses en el que los aranceles no llegarán a ser disuasorios (un 11,8% del valor de la importación hasta el 6 de agosto; a partir de ahí alcanzarán el 47,6% de media).

Para ahuyentar la idea de proteccionismo, Comercio alega que la Unión Europea recurre poco a las medidas punitivas, pues los 112 procedimientos en vigor solo afectan al 0,17% de las importaciones del club comunitario, según datos de 2012. Y la litigiosidad queda muy lejos de la estadounidense (283 medidas en junio del año pasado) o de la propia China (222 medidas).

Con esas bases, la guerra comercial pueda quedar en guerrilla. “China preferirá mantener una cierta contención en sus respuestas porque la Unión Europea es el principal destino de sus exportaciones”, aseguran los expertos del grupo de análisis Eurasia. Los ministros del ramo discutirán el asunto la próxima semana en Luxemburgo. Entretanto, Europa penaliza ya la entrada de paneles solares y China, la del vino. Si el acuerdo no llega, los coches de lujo, símbolo del ahora olvidado esplendor europeo, se perfilan como la próxima víctima de las represalias chinas.

China es un recién llegado al libre comercio. Su entrada en la Organización Mundial de Comercio (OMC), a finales de 2001, le abrió las puertas a intercambiar bienes y servicios con las mismas reglas que el resto de países asociados. Desde entonces, la UE ha hecho de China su principal suministrador (ambos bloques intercambian mil millones de euros al día), aunque también ha activado medidas coercitivas cuando ha considerado que los productos chinos se vendían por debajo de coste (dumping) o que recibían subsidios contrarios a la libre competencia. A finales del año pasado, la Comisión Europea mantenía en vigor 48 medidas para desincentivar las compras chinas, casi la mitad (el 43%) de todas las adoptadas. “China es el principal foco de los procedimientos de comercio”, admite un portavoz de la Comisión.

El peso de esas penalizaciones ha ido aumentando con los años. Cuando Pekín entró en la OMC, las medidas europeas contra ese país (principalmente aranceles) suponían un 18% del todal. En los dos últimos años han alcanzado un récord del 43%, según los datos de la Dirección General de Comercio. La pujanza de la producción china, combinada con el retroceso de la industria europea, invita a pensar que los procedimientos contra Pekín pueden crecer más.

Europa sigue presumiendo de creatividad y buen hacer, aunque para elaborar sus productos se sirva cada vez más de componentes chinos. La gran mayoría de las penalizaciones afectan a elementos que sirven de base para elaborar otros: aluminio, acero, tubos de hierro, piel, ácidos, electrodos… También las tejas de construcción, los escáneres y las velas están sujetos a aranceles. Casi el único producto chino destinado al consumidor final son las bicicletas.

Además de esas 48 medidas en vigor, Bruselas investiga otros 16 casos en los que tiene serias sospechas de que los productos chinos se introducen en el continente por debajo de coste o con otras vulneraciones de las reglas de mercado. La prueba de que la lupa de la Comisión se orienta cada vez más al país asiático es que esas investigaciones en curso referidas a China representan casi el 60% del total. India y otros países asiáticos copan el resto.

Entre las sospechas aún por dilucidar se sitúa la que ha estallado esta semana: venta de paneles solares a las empresas europeas hasta un 88% por debajo de lo que debería ser un precio justo. Y aunque la Europa comunitaria siempre ha tenido sus diferencias en política comercial, las chispas que han saltado entre los Estados a raíz de esta decisión son más visibles que nunca. Alemania, el país más reticente a esa afrenta comercial, lo justifica. “Este caso representa un salto cualitativo por el volumen de importaciones en juego. Hay que buscar una solución de compromiso”, explican fuentes diplomáticas alemanas.

Con 21.000 millones de euros en compras de paneles y sus componentes a los fabricantes chinos, la Comisión Europea considera este el mayor caso antidumping que ha emprendido nunca. No obstante, esas cifras, relativas a 2011, resultan hoy inferiores, fruto de la debilidad de la demanda en Europa. Bruselas argumenta que la capacidad de producción de Pekín duplica la demanda europea y supone 1,5 veces la mundial, lo que tumba los precios. Con esos datos en la mano, el Ejecutivo comunitario ha tomado medidas provisionales a la espera de negociar una salida con las autoridades chinas.

“No queremos un conflicto porque en un conflicto siempre se pierde”, alega pragmáticamente el representante alemán. Consciente de que tiene en su contra a más de la mitad de los Estados miembros, el comisario de Comercio, Karel de Gucht, ha empezado a aplicar los aranceles casi con la boca pequeña, repitiendo una y mil veces que su objetivo es llegar a una solución negociada y dando un margen de dos meses en el que los aranceles no llegarán a ser disuasorios (un 11,8% del valor de la importación hasta el 6 de agosto; a partir de ahí alcanzarán el 47,6% de media).

Para ahuyentar la idea de proteccionismo, Comercio alega que la Unión Europea recurre poco a las medidas punitivas, pues los 112 procedimientos en vigor solo afectan al 0,17% de las importaciones del club comunitario, según datos de 2012. Y la litigiosidad queda muy lejos de la estadounidense (283 medidas en junio del año pasado) o de la propia China (222 medidas).

Con esas bases, la guerra comercial pueda quedar en guerrilla. “China preferirá mantener una cierta contención en sus respuestas porque la Unión Europea es el principal destino de sus exportaciones”, aseguran los expertos del grupo de análisis Eurasia. Los ministros del ramo discutirán el asunto la próxima semana en Luxemburgo. Entretanto, Europa penaliza ya la entrada de paneles solares y China, la del vino. Si el acuerdo no llega, los coches de lujo, símbolo del ahora olvidado esplendor europeo, se perfilan como la próxima víctima de las represalias chinas.

Lucía Abellán, EL PAÍS

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